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15 de octubre del 2002
"¡Mis manos están bien y tengo confianza que van a permanecer así!"
Durante el invierno de 1992 mi compañía me transfirió a otro lugar de trabajo. Varios colegas y yo teníamos el mandato de reconstruir el lugar. Esta tarea requería que entrenáramos a su vez a nuevos colegas.
En nuestro viejo círculo de colaboradores teníamos una relación cercana e íntima entre nosotros y era costumbre estrechar la mano para saludarse cuando nos encontrábamos. Este era un hábito que la gente nueva rápidamente adoptaba también.
Desgraciadamente, había un colega que tenía problemas con su higiene corporal. Realmente no quiero entrar en detalles aquí.
Tocar su mano era para mí tan increíblemente incómodo que tuve que inventar más y más tácticas para evitar este acto simple.
No obstante, cuando llegaba el momento de reemplazarlo en su turno y cuando, por necesidad, tenía que estrechar su mano, me lavaba las manos minuciosamente tan pronto como él se iba, y también limpiaba mi lugar de trabajo aprensivamente. La idea de comer mi desayuno, luego de estrechar su mano, prácticamente me llenaba de horror. Esto es por lo que yo me procuraba algunos platos solos para mi uso y siempre los guardaba bajo llave para asegurarme que yo era la única que lo usaba.
Desde entonces, cada año cuando la estación del frío comenzaba, yo tenía problemas con mis manos. Se volvían ásperas, desarrollaban pequeñas fisuras que luego se abrían y comenzaban a sangrar, las fisuras se hinchaban y sanaban con mucho dolor. Sin embargo, lo que se afectaba era la parte exterior de la mano, el dorso de la mano, los nudillos y las superficies exteriores de los dedos. Absolutamente nada ayudaba, ningún ungüento, cremas, nada. Durante el verano, no tenía problemas con mis manos porque en verano yo podía siempre rehusar estrechar su mano con el pretexto de manos sudorosas - sin parecer descortés.
En la primavera de 1998 fui transferida a otro lugar de trabajo, a una oficina sin tabiques similar, como la que había estado acostumbrada previamente. Nunca más vi a ese colega otra vez.
Pero en este nuevo lugar de trabajo, la práctica animada de estrechar la mano continuó como antes, y durante el invierno de 1998 también tenía fisuras y manos ásperas.
Al año siguiente tome un sabático comenzando en noviembre de 1999 hasta marzo del 2001. Durante este tiempo, aprendí acerca de la German New Medicine.
Estaba absolutamente atónita cuando descubrí que ni durante el invierno de 1999/2000 ni durante el invierno subsiguiente del 2000/2001 tuve el familiar problema con mis manos.
Cuando investigué la situación arriba mencionada por las mías y combiné mis hallazgos con el conocimiento de la German New Medicine, se volvió instantáneamente claro para mi que había tenido un conflicto de separación del tipo "querer separarme" (involucrando mis manos de una manera defensiva), ¡probado por el hecho que solamente la parte exterior de mis manos estaba afectada! Después de todo, estar en contacto con ese colega era para mí, pura agonía.
Rápidamente identifiqué mis "pistas" como la "oficina", el/un "colega", la "estación fría", el "apretón de manos". Por eso les informé a mis colegas que, por el momento, no iba a estrechar sus manos. Todo el mundo aceptó eso.
Ahora estamos en octubre, mis manos están bien y ¡tengo confianza que van a salir ilesas del invierno!
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